No son pocas las personas que lo escuchan a uno a propósito de la Gran Marcha del domingo 21 de abril y dicen en redes: “Las marchas no sirven para nada”. Para ellas, que mientras critican con vehemencia lo que está pasando en el país están sentadas en las salas de sus casas con los brazos cruzados, va dedicada esta columna.

A quien corresponda:

Puede que las marchas no sirvan para nada, pero por lo menos los que salimos sentiremos que agotamos una instancia democrática de rechazo frente a lo que está pasando. Las marchas pueden darles fuerza a los congresistas que nos representan, a los jueces que protegen la democracia, a los soldados que juraron defender la Constitución.

Así no sirvan, marcharé.

Y espero que más de un millón de personas sean tan ilusas e ingenuas como yo.

El día que dejemos de marchar, estas columnas, los periódicos, la opinión brillarán por su ausencia. Así.

DIEGO SANTOS

Analista digital

En X: @DiegoASantos





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